La salud de Yolanda Andrade se encuentra en uno de sus puntos más críticos luego de que la conductora revelara que fue diagnosticada con neuralgia del trigémino, un padecimiento neurológico considerado uno de los más dolorosos por la intensidad de sus síntomas.
Este nuevo problema médico se suma a la complicada etapa de salud que atraviesa la conductora, quien en meses recientes también habló sobre otros padecimientos que han afectado su calidad de vida, como la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA).
¿Qué es la neuralgia del trigémino?
La neuralgia del trigémino es un trastorno de dolor crónico que afecta al nervio trigémino, encargado de transmitir las sensaciones del rostro hacia el cerebro. Cuando este nervio se irrita, comprime o presenta alguna alteración, puede provocar episodios repentinos de dolor facial severo, descritos comúnmente como descargas eléctricas, punzadas o ardor intenso.
Este dolor suele aparecer en un solo lado de la cara y puede afectar zonas como mejillas, mandíbula, dientes, labios, encías e incluso el área ocular o la frente. Aunque cada caso es distinto, los episodios pueden durar desde unos segundos hasta varios minutos y repetirse varias veces al día. En algunos pacientes, el dolor se vuelve más frecuente e incapacitante con el paso del tiempo.
La neuralgia del trigémino es más común en personas mayores de 50 años y en mujeres. Especialistas explican que no siempre tiene una sola causa, pero suele relacionarse con la presión de un vaso sanguíneo sobre el nervio, además de enfermedades como esclerosis múltiple, tumores o lesiones faciales previas.
Síntomas, causas y cura de neuralgia del trigémino
Entre los síntomas más frecuentes están los dolores faciales repentinos e intensos, sensación de descarga eléctrica, espasmos musculares y episodios desencadenados por acciones cotidianas como hablar, comer, sonreír, maquillarse, cepillarse los dientes o incluso sentir viento en el rostro. En algunos casos, tocar ligeramente la cara puede detonar una crisis dolorosa.
Las causas más comunes incluyen la compresión del nervio trigémino por una arteria o vena, daño en la capa protectora del nervio, esclerosis múltiple, tumores o traumatismos. Por ello, el diagnóstico suele requerir valoración neurológica y estudios como resonancia magnética para descartar otras enfermedades.
Aunque no siempre existe una cura definitiva, sí hay tratamientos para controlar el dolor. Los médicos suelen indicar anticonvulsivos, relajantes musculares y, en casos más severos, procedimientos quirúrgicos o inyecciones. El objetivo principal es reducir la frecuencia e intensidad de las crisis para mejorar la calidad de vida del paciente.

